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La suerte peculiar de Luis Felipe Rojas Rosabal / Por Inacio T. Granados Herrera/ 2008
Supuestamente, el desarrollo de la tecnología haría intrascendente las prácticas del arte; al menos en lo que respecta a sus especializaciones técnicas, como la narración y la composición plástica. Pero eso es sólo en principio, y en realidad esta circunstancia provocaría como una renovación; que requiriendo indefectible la magia inefable, también rebajaría las pretensiones de lo artístico; que vuelto a su utilidad práctica, recobra lo que de espontáneo tuvo en sus mismos inicios, viciado por el retorcido intelectualismo desde los modernos. Esa es la circunstancia especial en que aparece la fotografía de Luis Felipe Rojas, que descubre la realidad desde su función como foto reportero de la prensa independiente cubana. Habrá que remarcar, en definitiva, que la precariedad material del oficio en ese lugar le otorga un singular realce; donde campea el realismo, ajustándose a esa función práctica del simple relato de lo real; pero donde, de modo inevitable, lo real muestra su propia belleza, desechando la fatuidad del efectismo técnico. La ventaja de esta evolución peculiar, es que el artista queda atrapado en el dramatismo de su objeto; es decir, sin retorceduras formales ni teóricas, no necesita innovar, esa fiebre del reinvento para retener la atención de un público fatigado. Lejos de eso, la realidad desnuda se abre en destellos de humanidad, más dramática cuanto más precaria; a lo que, como una pátina, el artista superpone esa propia precariedad de sus pocos recursos técnicos, logrando sin dudas lo mejor de sí. Es cierto que por momentos el objeto dramático pasa de ingenuo en su espontaneidad, con una parquedad que debe madurar en sus objetos; pero también es cierto que eso le abre un vasto campo para el desarrollo y la proyección de un espíritu a todas luces curioso y abierto a esa misma realidad que teme dañar. No hay dudas al respecto, desde las culturas más primitivas, fueron las de circunstancia más difícil las que se abocaron más fuertemente a la industria, por su propia necesidad de sobrevivencia; así también, la circunstancia política se presta a esta humanidad desgarrada y le presta voz para que grite en una performance operática y grandiosa. Es la suerte peculiar de este artista, que encerrado en una burbuja de tiempo puede trocarla en una bendición para sí mismo y para el resto. |
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